La balacera en Monterrey

Hoy un chico de aproximadamente 15 años disparó contra sus compañeros de clase en Monterrey, Nuevo León, a la usanza de Estados Unidos.

De todo hemos visto en este país: levantones, otras balaceras, escapes de prisiones de ‘máxima seguridad’ mediante un túnel (cuya construcción causaba tanto escándalo que no dejaba dormir a los demás reos en las noches), tener un Presidente que probablemente carezca de las habilidades necesarias para graduarse de primero de primaria, entre otras. Sin embargo, una de las cosas que no habíamos presenciado era a los estudiantes matándose entre ellos.

Demasiado drástico, incluso para aquellos que nos formamos en las respetables escuelas públicas. El “te espero en el baño” o “nos vemos a la salida para tu putiza” eran el desafío máximo, el mayor atentado contra la integridad de otro colega que, o te había bajado a la novia, te había robado tu almuerzo o, simple y llanamente, querías chingarte.

Entre las notas de prensa que encuentro sobre el chico se dice que estaba diagnosticado con depresión. Su servidora, que es portadora de un trastorno doble-depresivo, sospecha que para querer quitar la vida a alguien no sería suficiente tener tal diagnóstico.

Si tratamos de imaginarnos lo que el joven sintió (porque evidentemente no lo sabemos) se nos puede ocurrir que tenía una frustración, no una del tipo: “‘ta madre… se me borró el Word antes de poder guardar el documento”, sino una que diariamente fue alimentada por pobreza, carencias, por maltrato, bullying, delincuencia y desesperación. Y ¡qué desesperación!

El estimado lector podría creer que exagero, pero qué pinche desesperación debió sentir para que quitar su propia vida, a modo de muchos otros adolescentes, no fuera suficiente. Tenía que quitársela a alguien más. A muchos. A gente que probablemente tenía nada que ver con el motivo de su furia.

No. Eso no es una depresión. Una depresión no te hace conseguir un arma, una depresión  no te hace unirte a las filas del narco, no tiene como síntoma “la tortura y matanza de gente”.

“Estamos frente al perfil de un adolescente agresor”, sentenció el director del Instituto Nacional de Neurociencias mientras analizaba el caso en televisión.

“Un agresor” es la señora que me llamó “¡imbécil! ¡idiota!” al empujarla para salir del metro, no un adolescente que dispara a sus compañeros. El hecho de que el representante de esa H. Institución no nos pueda decir más sobre un caso como este significa dos cosas: 1) que tenemos olvidada la salud mental: no sabemos qué tan enferma está la mente de México. 2) que esta balacera es la primera de muchas.

Advertisements

One thought on “La balacera en Monterrey

  1. Felicitándote por tu primer escrito en tu Blog. Ahora, leyéndote y pensando que el análisis del último punto no sea en verdad “que esta balacera es la primera de muchas” quiero pensar fue un evento coyuntural.
    Ahora, este tipo de violencia -visto con anterioridad en Estados Unidos- llega a México, a través de su par más cercano que es Monterrey y se une, como dices a la ola de violencia, ya de varios años, colados con narcomantas en Morelos, asesinatos en la CDMX, reporteros asesinados sobre todo en Veracruz y también en Monterrey, pero en escuelas públicas, donde la pelea por una plaza en la colonia independencia “La indepe” dejaba en tiempos de Calderón cabezas frente a las escuelas, los lunes por la mañana los padres, niños, profesores y comunidad veían esas muestras de violencia, profesores enseñaban a cuidarse de las “ráfagas” en medio de una balacera en escuelas también de Monterrey.
    La violencia no es nueva para Monterrey, tristemente, esto no lo habíamos vivido, sin embargo, la violencia en cualquier forma, está presente en México y se nos ha hecho algo normal, se nos hace natural leer la pelea por plazas, que el narcotráfico y el ejército inepto para combatirlo genere más muertos, peleas entre cárteles (o eso es lo que dicen) con respuestas como, “pues es que andaba en eso” “se juntaba con aquellos” justificar muertos se nos hizo común y ahora nos asombra lo sucedido en este colegio, espero nos sorprenda que suceda esto sí, que nos indigne, pero también cualquier acto violento, porque no es normal, no podemos “normalizar” la violencia.
    Esperando seguir leyéndote, te mando un gran abrazo Eli.

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s